Respirando la llegada de la Justicia
Por Agustín López
La lluvia frenó a la hora que debía frenar. Las nubes frenaron el rabioso sol de diciembre. El lugar de encuentro es una plazoleta de rotonda.
A tan solo 200 metros, en los Tribunales Federales, los desgraciados (ladrones, torturadores, violadores y asesinos) se van acomodando en el banquillo.
La reunión se da en esa islita porque es mejor llegar en masa. Apelotonados, todo va tomando fuerza, alegría y color. La plaza va recibiendo humanos de a montoncitos. Caen banderas y bombos desde diversos puntos. Cada compañero que se integra al conjunto recibe una bonita rosa roja de papel crepé. Cada flor posee el nombre de un soñador que no está.
¡Que sí está, carajo! Es la bienvenida de los H.I.J.O.S. Y de la lucha de los H.I.J.O.S., que florece.
Nuestras Abuelas, las que pusieron la semilla, se desprenden de tarjetas que recuerdan, informan y reclaman. Cumplen entonces con las premisas de siempre. Memoria. Verdad. Justicia.
Hay un hilo. Una continuidad que está presente en el abrazo de un jovencito de hoy con uno que safó ayer. En esa palmada que le da un señor cincuentón a un pibe de hoy. Encantadora comunión entre el que la sufrió y el que no la piensa vivir. Una sana fusión para que no suceda más. Nunca más.
Pasadas las 9:00 hs, saludos aquí, risas allá. Lo que se respira es alegría. Comienzan a poner ritmo los bombos de los muchachos de SATSAID. Se levanta gigante, imponente, hermosa, la bandera de los H.I.J.O.S. A la vez, se extiende un trapo alargado de los Familiares. Una tela que porta dibujos/contornos de humanidades, vacías, sin identidad.
A las 9:30 hs el color se hace presente. Hoy, queda en claro que la lucha no fue/no es/no será en vano. Hay olorcito a reivindicación. Lo de hoy es un Nuevo Encuentro. El colorido lo ponen las agrupaciones. Los judiciales aportan el violeta, los gráficos el verde, el P.O. que pone el rojo. Los Ex Presos Políticos alzan su presencia con la cabeza en alto. Pisa fuerte la UEPC. Aplauden los HIJOS de Rio Cuarto. Una brisita fresca y por allá flamean y están (siempre están) los lienzos revolucionarios del PCR, los del PCP, los banderines de la JCR, y los de la Izquierda Socialista. Aportan bochinche murguero los jóvenes peronistas. Vienen con fuerza los pibes de Evita, los pichones de Cámpora, y los que recuerdan a Jauretche. Al gran Arturo que nos decía que “Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. Contagiando lucha llegó la CCC. El Centro de Estudiantes del Manuel Belgrano, aporta sus voces jovencitas. La memoria se materializa en esa bandera con el rostro de Rodolfo Walsh.
Otro que está presente, ahora y siempre, es Facundo, el rubio, que está vivo en la tímida sonrisa de Viviana.
Color, mucho color por aquí. ¿Qué tan gris, qué tan oscuro, estará del otro lado?
Será casualidad o será un guiño, quién sabe, pero el sol se asomó sólo un minuto. Un minuto que no fue de silencio. El sol nos tocó un poquito en el preciso momento en que se elevaron las pancartas con las fotos de nuestros compañeros muertos y desaparecidos. Una vez que estaban alzados, las nubes se encargaron de cerrarse para mantenernos frescos.
Desde ciudad universitaria, aportando verdes y naranjas, llegaron entusiasmados unos pibes. Fue el punto Bisagra, para que varios compañeros de H.I.J.O.S. a la vanguardia, alienten “¡VAMOS!”. Y todos juntos, encolumnados, con alegría, hambrientos de justicia, marchemos hasta los tribunales.
Pocos metros de caminata, todos vamos unidos. Todos. Y todos rechazamos a los otros, oscuros y desabridos asesinos. Mientras exigimos alegría para nuestros corazones, les recordamos a ellos que la sangre de los caídos es rebelión. Y ahí vamos, todos, exigiendo cárcel común para los represores. Ansiando justicia justa.
Ya sobre la puerta de los tribunales el Pum! Pum! retumba fuertísimo, y debe penetrar en las orejas de esos viejos rancios del banquillo. Los abogados de las víctimas, nuestros, del pueblo, sienten esa energía, entonces se asoman detrás de las vallas. Se lo ve contento a Claudio, cargándose de energía popular, y levantando el puño.
De aquel lado también, a pocos metros de los abogados, se ve a una de nuestras Madres, sentada en su silla de ruedas, mirando con emoción el acompañamiento juvenil.
Sobre un grueso poste de cemento, varias chicas hacen una intervención. Mosaiquismo que de a poco va tapando el patético esténcil Agüero (el “mesías”). Un poco más acá, los contornos humanos y vacíos del trapo de los Familiares ahora van ganando identidad. Están siendo rellenados de colores, de arte.
El Moto se adueña del micrófono e informa el prontuario de cada una de las ratas. Los silbidos y abucheos se hacen oír. Estas reacciones populares también son parte de la justicia, pues seguro llegan como mariposas hasta el sistema nervioso de los acusados. Y ellos odian a las mariposas.
Se está desarrollando un nuevo juicio, ya el quinto juicio en Córdoba. Poco a poco la justicia va llegando. La lucha que empezaron las Madres se sigue extendiendo. La lucha vale. Valió. Valdrá.
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